Historia

LA APARICIÓN Y LA DEVOCIÓN A LA VIRGEN

Se incluye la aparición de la Santísima Virgen de las Mercedes dentro del gran número de apariciones que se prodigaron en la Baja Edad Media, en el periodo inmediatamente posterior a la Reconquista, por parte de las tropas castellanas, de todo el actual Valle del Guadalquivir y sus contornos. Sobre las mismas se han tejido hermosas leyendas, así como interpretaciones históricas que resultaban claramente erróneas. Efectivamente, una vez que de las tierras conquistadas eran expulsados los musulmanes y, posteriormente, eran repobladas con cristianos procedentes del Norte de Castilla, todo el territorio que comprendía el antiguo reino de Sevilla, se convertía en tierra fronteriza. El hecho de ser tierra cercana a la frontera con los musulmanes, provocaba que constantemente fuese objeto de razzias (saqueo), que sembraban el pánico entre los habitantes y que les obligaban a esconder, además de sus pertenencias, sus imágenes de culto más queridas. Estas volvían a aparecer posteriormente y era revestido de un carácter milagroso el hecho de su aparición. Dicho todo esto, es erróneo considerar a estas imágenes anteriores a la invasión musulmana, es decir, al periodo visigodo, periodo en el que no se encuentran imágenes de la Virgen María.

 

Los documentos históricos que dispone la Hermandad narran la aparición de la primitiva Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes con el mismo cuadro de tradición bajomedieval expuesto anteriormente. Estas deben tomarse con naturales reservas, ya que en dichas narraciones han primado más un componente devocional que un deseo de fijar cronológica e históricamente un suceso.

 

Algunos autores, que se interesaron en su momento por esta aparición, coinciden de manera general con la leyenda del pastorcillo, así como con los siguientes sucesos que rodean esta historia, si bien ha habido otro que situaba la aparición en medio de las ruinas de un templo romano abandonado por el tiempo: “al sobrevenir la invasión de los musulmanes que entraron a sangre y fuego por tierras de Andalucía persiguiendo a los cristianos con un fanatismo satánico, los naturales de Bubulca, temiendo fuera destruida y profanada la imagen de Nuestra Señora, determinaron ocultarla, como otros tantos pueblos hacían; y para mejor disimular el ardid, debieron destruir también el antiguo santuario soterrando una de las columnas con la Virgen encima; amontonaron después alrededor los otros restos del templo, formando con todo una especie de montecillo, cubierto de zarzas y malezas, que sirvieran de defensa a la Virgen contra el peligro, disimulando el Tesoro que ellos tanto estimaban”. Sin embargo, todo lo anterior no son más que especulaciones sin ningún fundamento, ya que los únicos restos arquitectónicos de los que se tiene referencia son dos columnas y sendos capiteles, siendo extraño que no hubiesen aparecido más restos del citado templo.

 

Cuenta la hermosa leyenda realizada sobre la aparición de la Virgen, de la que J. Alonso Morgado hizo quizás la más bella interpretación, que: “... un pastor que apacentaba sus ganados, en las inmediaciones del sitio donde hoy se halla levantada la Ermita ó Santuario de la Señora, observó que las ovejas acudían a agruparse alrededor de un espeso zarzal, y le costaba siempre trabajo apartarlas de allí. Aproximándose un día a el sitio, vio con sorpresa y admiración, una preciosa Imagen confundida en el centro de las espinosas ramas, sin tocarle, quedándose atónito y dudando de la visión. Mas internándose a costa de afanes entre las zarzas, logró cerciorarse de la realidad, y halló a la Señora sobre un trozo de columna de mármol blanco… Tan prodigioso acontecimiento llenó de conmoción a los hijos de Bollullos, y acudieron presurosos a presenciar la maravilla de la aparición de la Sagrada Imagen conservada intacta y milagrosamente entre las zarzas, como el lirio de los valles entre las espinas, sin que los rigores del tiempo ni las inclemencia de las estaciones, hubiesen causado en ella la más leve imperfección. Todos dan gracias a Dios por aquella señalada merced que les dispensa, con la posesión de aquel rico tesoro y estimable reliquia de la antigüedad cristiana; y llegan a persuadirse de que dejándose ver allí tan peregrina Efigie de la Madre de Dios había significado la Santísima Virgen su voluntad, de permanecer en el mismo sitio parar recibir los homenages de la devoción de aquel pueblo, ya suyo por elección y se proyecta desde luego de erigirle un Santuario, para su culto y veneración…”.

 

Sobre la fecha de aparición se ha escrito que se produjo a mediados del S. XIV cuando Bollullos junto con todo el Condado de Niebla pasó como dote de Dña. Beatriz de Castilla al casar ésta con Don Juan Alonso de Guzmán. Juan Miguel González Gómez y Carrasco Terriza fechan la aparición en torno al año 1400, aseverando que “la actual efigie de Santa María de las Mercedes debió sustituir a otra medieval…

 

La devoción de antaño

 

Antes de que la Virgen de las Mercedes fuera venerada por los vecinos de Bollullos, como la imagen de María de su particular devoción, más tarde como Patrona y en nuestra era contemporánea, como Reina coronada, hubieron otras, que según cuentan diferentes historiadores, merecieron la atención devota de este pueblo.

 

La devoción primigenia de los bollulleros se concretó durante años, en los siglos XIV y XVI, en la Virgen de Consolación, primitivamente conocida como Santa María de Morañina, que en el Convento de San Juan de Morañina, tenía la tercera orden franciscana. Se trataba de una devoción muy extendida, con una gran popularidad, puesto que no eran sólo los vecinos de Bollullos, sino también los de Almonte y La Palma, los que hacían frecuentes peregrinaciones al Cenobio franciscano, tantas que por entonces era esta imagen la más venerada de toda la comarca. Podemos traducir esa devoción como una romería comarcal celebrada el domingo infraoctavo de la Asunción de Nuestra Señora.

 

Fue a principios del siglo XVII, cuando llega un momento crucial para la historia de la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes en nuestro pueblo. En el año 1602 los frailes terceros abandonan el Convento para trasladarse a Sevilla a fundar uno nuevo allí, llevándose a la imagen de Santa María de Morañina, que había sido hasta entonces foco de devoción de los comarcanos.

 

A raíz de la marcha de la Virgen, la devoción de los pueblos cercanos se traslada hacia la ermita de la Rocina en Almonte, mientras que los habitantes de este pueblo volvieron sus ojos hacia la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, devoción que ya habría de ser la principal de la localidad. Y todo esto a pesar que en 1606 regresaran la Orden al Convento, creyendo la localidad que traerían a la Virgen de Morañina, pero ésta quedaría en Sevilla, por lo que trajeron otra bajo el título de Socorro, que no despertó la devoción esperada, y que actualmente reside en la capilla de Jesús.

FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD Y VOTO DE PATRONAZGO
 

Una vez que Bollullos fija su atención en aquella Ermita del cerro de Santiago, en busca de una imagen mariana a la que aferrarse, comenzó a experimentarse la devoción a la Virgen de las Mercedes y no es de extrañar que surgiera un grupo de devotos que dieran cuerpo a una Hermandad para rendirle culto y veneración. Consta en el primer libro de actas que tiene esta Hermandad, “Libro en que se escriben los hermanos que tiene esta cofradía de nuestra señora de las mercedes y los cauildos que hasen sus diputados y hermano maior que oi lo es diego Rodriguez Camacho. Este presente año de 1693”, una nota firmada remitiéndose a la fecha de la fundación de la misma: “Que en el año de Mil seiscientos setenta y uno se fundó, con Lincencia del Señor Prouisor, esta Hermandad: consta de un Acuerdo celebrado en veinte y dos de Mayo de mil seiscientos setenta y dos años, ante el Lizenciado Diego Benitez, escribano de ella, el que se halla en el libro 1º que tiene esta Hermandad protocolado en el archivo de la Parroquial de esta Villa== Visto por mi el escribano desta cofradía año de 1763. Juan Ximenez Bazquez”

 

En sus inicios, la Hermandad se titulaba “Cofradía de Nuestra Señora de las Mercedes” tal y como aparecen en las primeras actas. Además, es interesante saber que las primitivas reglas ya no se conservaban hacia 1800, haciéndose mención de sustituirlas por unas nuevas, y que son las más antiguas que posee la Hermandad.

 

Aunque se tiene como cierta la fecha de 1671 como el primer testimonio documental de la fecha de la corporación, la aparición de un documento importante en el Archivo Diocesano de Huelva, obliga una revisión del tema. Dicho documento recoge como el Notario público de la Villa de Bollullos, D. Francisco Fernández de Llano da fe de que en el año 1659 se tomaron cuentas de los libros de la ermita por el Rvdo. Rodríguez Pimpillo, Juez de administración de las ermitas de la vicaría de Niebla. Aunque lo que realmente importa del documento es que se recoge “nombra p. hermºmayor a Diego Perez naranjo…”. Por lo que ya la Hermandad existía como tal. Esto nos lleva a pensar que, como era práctica común en aquella época, una cosa era la fundación de la Hermandad y otra bien distinta, la aprobación de sus primeras reglas, pudiendo anteceder aquellas a estas en periodos bastante largos.

 

Además en un documento de 1596 se constata la existencia de un mayordomo, Marcos García, que tenía el cargo de administrar los beneficios y las tres propiedades de la ermita que son mencionadas en tal documento: “En bollullos del Condado ay una ermita que se dize Santa María de las Mercedes que el mayordomo, Marcos García del…”

 

Por lo que parece obvio reconocer, como se ha referenciado anteriormente, la existencia de una comunidad cristiana a cargo del cuidado y fomento del culto a María Santísima de las Mercedes, que sería el germen de la cofradía de la que ya tenemos constancia documental en el XVII. Además, hay que pensar que estas personas se regían por un reglamento o normativas para regular el funcionamiento del culto a la Virgen, aunque lamentablemente, hasta ahora, no han llegado hasta nosotros.

 

El voto de Patronazgo

 

Tan grande era la devoción que los bollulleros experimentaban hacia la dulcísima Imagen de la Virgen de las Mercedes, que, a pesar de la corta vida de su Hermandad, iba a ser receptora de un título tan honorífico como el de Patrona de la Villa. Corría el año 1683 cuando la pertinaz sequía asolaba los campos de Bollullos y su comarca. La vida de sus habitantes, dedicados a las labores agrícolas, dependía en gran parte del preciado elemento que desde hacía tiempo se resistía a aparecer. La desesperación de aquellos hombres, su amargura ante la ruina en que se veían postradas sus viñas y sembrados, el futuro de ellos y de sus hijos no admitía ya mayor espera. Ante tamaña desgracia, sólo podían sus corazones acudir a la pequeña “Virgencita”, que desde su colina cercana vigilaba atenta el acontecer de sus vidas. Ella, a quien con tanta alegría habían saludado cuando pasaban ante su pequeño santuario, camino de sus campos; Ella, hacia quien se volvían sus ojos cuando, al tañido de las campanas del Ángelus, enderezaban sus cuerpos cansados para rezar sudorosos entre los pámpanos; Ella habría de ser la que pusiera consuelo a sus aflicciones, la que cobijara una vez más a sus agobiados hijos bajo el manto de su protección divina. Ella, que llevaba en sus brazos al auténtico remedio de tanta calamidad, intercedió graciosamente ante el pequeño Infante, quién, como en las bodas de Caná, no pudo negarse a los solícitos ruegos de Madre tan dulce. Salió la Señora a las resecas calles, se asomó a los sedientos campos, y, de inmediato, los ángeles trajeron en su raudo vuelo las nubes preñadas de vivificante agua. “Haced lo que Él os diga”, sólo esperando el gesto de la manita del Divino Niño, descargaron sobre la polvorienta campiña el refrescante remedio. Llovió incesantemente sobre el pueblo y las cosechas quedaron salvadas.

 

Para agradecer a la Madre la presteza de su remedio, el 18 de Agosto de 1683, el Consejo de la Villa acuerda hacer Patrona del vecindario a la Milagrosísima Imagen de María Santísima de las Mercedes, jurando así mismo hacerle perpetuamente su fiesta en el día del Dulce Nombre de María. Además, se comprometía a asistir a esta fiesta desde las vísperas hasta el fin de la procesión, así como costear de los fondos municipales los gastos que conllevara la misma. Aquella promesa se estuvo cumpliendo durante muchos años, aunque se sabe que dejaría de llevarse a cabo por falta de fondos, volviendo a recuperar la costumbre en el año 1759.

EL SETECIENTOS. AUGE Y RETROCESOS

Se incluye la aparición de la Santísima Virgen de las Mercedes dentro del gran número de apariciones que se prodigaron en la Baja Edad Media, en el periodo inmediatamente posterior a la Reconquista, por parte de las tropas castellanas, de todo el actual Valle del Guadalquivir y sus contornos. Sobre las mismas se han tejido hermosas leyendas, así como interpretaciones históricas que resultaban claramente erróneas. Efectivamente, una vez que de las tierras conquistadas eran expulsados los musulmanes y, posteriormente, eran repobladas con cristianos procedentes del Norte de Castilla, todo el territorio que comprendía el antiguo reino de Sevilla, se convertía en tierra fronteriza. El hecho de ser tierra cercana a la frontera con los musulmanes, provocaba que constantemente fuese objeto de razzias (saqueo), que sembraban el pánico entre los habitantes y que les obligaban a esconder, además de sus pertenencias, sus imágenes de culto más queridas. Estas volvían a aparecer posteriormente y era revestido de un carácter milagroso el hecho de su aparición. Dicho todo esto, es erróneo considerar a estas imágenes anteriores a la invasión musulmana, es decir, al periodo visigodo, periodo en el que no se encuentran imágenes de la Virgen María.

 

Los documentos históricos que dispone la Hermandad narran la aparición de la primitiva Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes con el mismo cuadro de tradición bajomedieval expuesto anteriormente. Estas deben tomarse con naturales reservas, ya que en dichas narraciones han primado más un componente devocional que un deseo de fijar cronológica e históricamente un suceso.

 

Algunos autores, que se interesaron en su momento por esta aparición, coinciden de manera general con la leyenda del pastorcillo, así como con los siguientes sucesos que rodean esta historia, si bien ha habido otro que situaba la aparición en medio de las ruinas de un templo romano abandonado por el tiempo: “al sobrevenir la invasión de los musulmanes que entraron a sangre y fuego por tierras de Andalucía persiguiendo a los cristianos con un fanatismo satánico, los naturales de Bubulca, temiendo fuera destruida y profanada la imagen de Nuestra Señora, determinaron ocultarla, como otros tantos pueblos hacían; y para mejor disimular el ardid, debieron destruir también el antiguo santuario soterrando una de las columnas con la Virgen encima; amontonaron después alrededor los otros restos del templo, formando con todo una especie de montecillo, cubierto de zarzas y malezas, que sirvieran de defensa a la Virgen contra el peligro, disimulando el Tesoro que ellos tanto estimaban”. Sin embargo, todo lo anterior no son más que especulaciones sin ningún fundamento, ya que los únicos restos arquitectónicos de los que se tiene referencia son dos columnas y sendos capiteles, siendo extraño que no hubiesen aparecido más restos del citado templo.

 

Cuenta la hermosa leyenda realizada sobre la aparición de la Virgen, de la que J. Alonso Morgado hizo quizás la más bella interpretación, que: “... un pastor que apacentaba sus ganados, en las inmediaciones del sitio donde hoy se halla levantada la Ermita ó Santuario de la Señora, observó que las ovejas acudían a agruparse alrededor de un espeso zarzal, y le costaba siempre trabajo apartarlas de allí. Aproximándose un día a el sitio, vio con sorpresa y admiración, una preciosa Imagen confundida en el centro de las espinosas ramas, sin tocarle, quedándose atónito y dudando de la visión. Mas internándose a costa de afanes entre las zarzas, logró cerciorarse de la realidad, y halló a la Señora sobre un trozo de columna de mármol blanco… Tan prodigioso acontecimiento llenó de conmoción a los hijos de Bollullos, y acudieron presurosos a presenciar la maravilla de la aparición de la Sagrada Imagen conservada intacta y milagrosamente entre las zarzas, como el lirio de los valles entre las espinas, sin que los rigores del tiempo ni las inclemencia de las estaciones, hubiesen causado en ella la más leve imperfección. Todos dan gracias a Dios por aquella señalada merced que les dispensa, con la posesión de aquel rico tesoro y estimable reliquia de la antigüedad cristiana; y llegan a persuadirse de que dejándose ver allí tan peregrina Efigie de la Madre de Dios había significado la Santísima Virgen su voluntad, de permanecer en el mismo sitio parar recibir los homenages de la devoción de aquel pueblo, ya suyo por elección y se proyecta desde luego de erigirle un Santuario, para su culto y veneración…”.

 

Sobre la fecha de aparición se ha escrito que se produjo a mediados del S. XIV cuando Bollullos junto con todo el Condado de Niebla pasó como dote de Dña. Beatriz de Castilla al casar ésta con Don Juan Alonso de Guzmán. Juan Miguel González Gómez y Carrasco Terriza fechan la aparición en torno al año 1400, aseverando que “la actual efigie de Santa María de las Mercedes debió sustituir a otra medieval…

 

La devoción de antaño

 

Antes de que la Virgen de las Mercedes fuera venerada por los vecinos de Bollullos, como la imagen de María de su particular devoción, más tarde como Patrona y en nuestra era contemporánea, como Reina coronada, hubieron otras, que según cuentan diferentes historiadores, merecieron la atención devota de este pueblo.

 

La devoción primigenia de los bollulleros se concretó durante años, en los siglos XIV y XVI, en la Virgen de Consolación, primitivamente conocida como Santa María de Morañina, que en el Convento de San Juan de Morañina, tenía la tercera orden franciscana. Se trataba de una devoción muy extendida, con una gran popularidad, puesto que no eran sólo los vecinos de Bollullos, sino también los de Almonte y La Palma, los que hacían frecuentes peregrinaciones al Cenobio franciscano, tantas que por entonces era esta imagen la más venerada de toda la comarca. Podemos traducir esa devoción como una romería comarcal celebrada el domingo infraoctavo de la Asunción de Nuestra Señora.

 

Fue a principios del siglo XVII, cuando llega un momento crucial para la historia de la devoción a Nuestra Señora de las Mercedes en nuestro pueblo. En el año 1602 los frailes terceros abandonan el Convento para trasladarse a Sevilla a fundar uno nuevo allí, llevándose a la imagen de Santa María de Morañina, que había sido hasta entonces foco de devoción de los comarcanos.

 

A raíz de la marcha de la Virgen, la devoción de los pueblos cercanos se traslada hacia la ermita de la Rocina en Almonte, mientras que los habitantes de este pueblo volvieron sus ojos hacia la Ermita de Nuestra Señora de las Mercedes, devoción que ya habría de ser la principal de la localidad. Y todo esto a pesar que en 1606 regresaran la Orden al Convento, creyendo la localidad que traerían a la Virgen de Morañina, pero ésta quedaría en Sevilla, por lo que trajeron otra bajo el título de Socorro, que no despertó la devoción esperada, y que actualmente reside en la capilla de Jesús.

LOS AVATARES DEL SIGLO XIX

Un nuevo siglo acababa de nacer, lleno de convulsiones políticas y sociales: invasiones, revoluciones, pronunciamientos militares, levantamientos cantonalistas, así como la elaboración de numerosas constituciones de diferente signo. La Iglesia en general, y las hermandades en particular, tampoco estarían ajenas y, mientras en unas ocasiones sufrirán el despojo de fuerzas invasoras o de tropeles revolucionarios, en otras su vida se verá afectada por la rapidez con que se estaban produciendo los cambios ideológicos y sociales, haciendo que durante largos periodos de tiempo permanecían adormecidas o en franca extinción. Y no será hasta avanzada la segunda mitad de siglo, cuando empiecen a manifestarse los signos de auténtica recuperación y revitalización, siendo un aliento importante la proclamación del Dogma Inmaculista de 1854, y que con el final del siglo habían entrado ya en una fase creciente que, salvo pequeños paréntesis, no se ha interrumpido hasta nuestros días. Será este un siglo donde, tras las primeras dificultades, se va a experimentar un auge considerable en la devoción a nuestra Patrona. En ello jugarían un papel decisivo una serie de acontecimientos negativos para la población, como la invasión napoleónica, las epidemias y la sequía.

 

Como muestra de que la decadencia observada a finales del pasado siglo era tan sólo de carácter económico, y que no había afectado al sentimiento devocional hacia la que era titular de la corporación, está el hecho de que en 1801 le son concedidas por Su Santidad el Papa Pio VII una reliquia de la Santa Mártir Santa Colomba, así como una Indulgencia plenaria aplicable la festividad del Dulce Nombre de María. Ello nos está hablando, pues, de que la Hermandad se encontraba en plena vigencia espiritual y cultual.

Con la ocupación francesa del reino en su práctica totalidad, en nuestro pueblo, esta dominación no se tradujo en pérdidas irreparables, bien de vidas humanas o de patrimonio artístico, como había sucedido en otros lugares, aunque nuestros antepasados, a buen seguro, vivirían atemorizados ante el riesgo permanente de tales vicisitudes. Sabemos que, por la inseguridad derivada de toda esta situación, la devota Imagen de Nuestra Señora permaneció todos estos años en la Parroquia de Santiago. En esta época de temeroso cautiverio, volvieron de nuevo a dirigirse implorantes en sus súplicas los ojos de nuestros antepasados al sonriente rostro de la Bendita Madre. Pidiéronla los auxiliase en tan peligroso trance, al pueblo suyo y a la Nación toda, e hiciese retroceder la furiosa marea de sus ejércitos como Moisés hizo retroceder las aguas del Mar Rojo. “Y levantose la Señora... y vino en nuestra ayuda... y libranos del enemigo... y conteniendo todopoderosa las furias francesas, extinguió de pronto sus teas, y embotó en un punto sus aceros, y cerró a sus pies el camino para que no hiciesen presa en los hijos de su amor. Experimentó Bollullos visiblemente el patrocinio de la Señora, pues tales enemigos no causaron daño alguno a su vecindario.”

En 1812, aun cuando las tropas francesas, ya en franca retirada, no se hallaban presentes en el pueblo, se decidió que la Señora no fuese llevada a su ermita, permaneciendo un año más en la Parroquia. Para contribuir con los gastos que originaba dicha estancia, D. Manuel A. Ayala dio limosna que sufragaran sus cultos.

Dos consecuencias inmediatas tuvo la intercesión de nuestra Señora, pues el agradecimiento de sus hijos, se materializó en el valioso regalo de un cetro de plata con palma de oro, costeado por el pueblo y que costó 1.200 ducados y también en regalo que Dña. Dominga Santiago, Monja Profesa de Coro y Velo que residía en nuestro pueblo, en el que se había refugiado junto con otras religiosas huyendo de los franceses, hizo de una túnica de glasé.

Una vez libre el pueblo del yugo invasor, siguieron las calamidades cebándose sobre sus gentes. Sus frágiles economías, dependientes todas del producto de sus cosechas, eran sacudidas una y otra vez por la flameante sequía, 1813 y 1817, o por el voraz pulgón, 1820. Sabedores ellos de encontrar el último recurso en la Señora, volvieron a implorar su colaboración divina para remediar sus desgracias. En ese corto lapso de tiempo, nuestra Excelsa Patrona sería sacada en devotas rogativas; su paso era adornado con flores silvestres, pues consta que se gastaron cuatro reales en tomillo para adornar las andas, y como Madre generosa, acababa siempre concediendo a sus hijos la gracia de sus Mercedes.

Y encontramos a la Hermandad renovando constantemente su ajuar procesional y el de la Señora. Así, en 1814 se comienza la realización del Simpecado nuevo, empezando por la estampa del mismo. En 1816 se hicieron la vara y la cruz, cuyo importe ascendió a 2.664 reales. En 1817 se gastaron 6.862 reales en los materiales necesarios para bordar el cordón y el Simpecado. Su autora, la monja profesa de Coro y Velo Negro del Convento de las Dominicas de Almonte, Sor Mariana del Rocío, donó el trabajo y la hechura, que fueron valorados en cuatro mil reales. Donan casullas y otros objetos litúrgicos. Y, para costear las nuevas andas, se venden las de plata, así como la repisa vieja de la misma en 2.200 reales, y otros objetos que no tenían utilidad.

No se conservan testimonios de sucesos realmente importantes o graves durante la década de los veinte y primeros años de los treinta, si exceptuamos las sequías que venían siendo un mal endémico durante todo este periodo. Sí se sabe, por el contrario, que, en una primera amenaza seria de epidemia de cólera, la Virgen fue traída al pueblo el 18 de Agosto de 1833, y no volvió a su ermita hasta 1838, si bien el peligro más inminente se centró en los dos primeros años de esa prolongada estancia.

En 1839 se dispuso por varios devotos comprar un vestido a Nuestra Patrona María Santísima de las Mercedes, en acción de gracias y memoria por haber librado a este su pueblo del contagio que padeció en los años 1833 y 1834, llamado cólera morbo, como queda anotado; para ello se hizo una suscripción en el pueblo y varias rifas con las licencias necesarias. Fue bordado por Dª Francisca de Zuloaga y su coste ascendió a 7.760 reales.

Parece indudable que, en los últimos años de la década de los treinta, la hermandad debió sufrir una crisis, pues en cabildo de 19 de Julio de 1840, se reunieron una serie de personas que se comprometían a levantar la hermandad y a animar “la amortiguada devoción”. Para ello tomarán una serie de medidas, relativas a la periodicidad de sus reuniones y al establecimiento de nuevas cuotas para los hermanos.

Surge en 1841 la primera iniciativa encaminada a solucionar el problema devocional anteriormente expuesto, como es el establecimiento de unos cultos a la Señora durante todo el mes de mayo, conocidos como “Cultos de mes de María”. Para ello, la Virgen era traída desde su ermita a finales del mes de Abril y durante todo el mes siguiente se desarrollaban en la parroquia los mismos, siendo sufragados con limosnas de los devotos. En el mes de Junio era trasladada nuevamente a su Ermita. Este culto se perpetuaría durante más de un siglo, siendo su particularidad más peculiar el que para ellos, se transformaba el altar mayor en hermoso tapiz de flores.

En 1842 tiene lugar un acontecimiento extraño en la historia de esta corporación, ya que según consta en documentos del Obispado de Huelva, la Hermandad de las Mercedes, al igual que otras de la localidad fueron suprimidas, años antes, por orden del Gobierno y en todas ellas se designaba, por parte del Arzobispado, a una persona que se haría cargo de las Imágenes, así como de sus ajuares y enseres. Desconocemos el motivo de esta obligatoria y múltiple extinción, pues en ninguno de los casos aparece tal explicación. Sólo podemos constatar que en el caso de esta hermandad, la persona elegida para tal fin sería D. Rafael Ramos, muy vinculado a la Junta de Gobierno, y que posteriormente ostentaría el cargo de Hermano Mayor.

En 1844, careciendo la Señora de un manto que estuviera en consonancia con la saya de gran calidad que utilizaba para su salida (1839), hay una iniciativa de un grupo de devotos, que mediante las limosnas recogidas pidiendo por el pueblo, acompañados de la organización de varios actos que ayudase en tal cometido, adquirieron y costearon la hechura del manto de escarcha blanca bordado en oro, primero de los dos que hoy utiliza el día de su fiesta principal. Esta primorosa joya del bordado decimonónico se debe a las manos de la maestra bordadora Dª Francisca Marcos, quién cobró por tan espléndido trabajo la cantidad de trece mil cuatrocientos sesenta reales. La razón que impulsó a estos nobles devotos a realizar tan piadoso acto, fue la necesidad que albergaban sus corazones de demostrar el agradecimiento sincero por tantas mercedes concedidas, a la vez que una hermosa manera de saldar tan amorosa deuda. Era la reacción natural de los hijos que se aprestan a corresponder a su Madre, aunque Ésta no quiere otro pago que el de su amor correspondido.

El siglo acababa de sobrepasar el ecuador de sus años; corría el año de gracia de 1855 cuando, una vez más, la guadaña de la muerte, afilada siempre entre las manos terribles de la parca, estaba presta a golpear de nuevo sobre las tierras castigadas de la baja Andalucía. Los primeros amagos que, veinte años atrás habían sembrado el pavor y la inquietud entre las gentes, se hicieron ahora tétrica realidad cuando, volvía a aparecer sobre los campos y las comarcas la negra sombra de esa enfermedad, a cuyo nombre temblaban los corazones y se encomendaban las almas: el cólera morbo. De ella, el Padre Mariano hizo bellísima recreación literaria, publicada en su Panegírico: “La atmósfera parece más pesada: viento frío, como de muerte, sopla por todas partes: a desbandada huyen la gente a los campos...

Cercano cada vez más óyese el lúgubre sonido: parece el doblar de las campanas que, traído por ráfagas malsanas de aire inficionado, viene a anunciarnos los estragos con que terrible epidemia diezma los pueblos todos vecinos al nuestro.

Fosas inmensas, abiertas por el sepulturero, tragan a diario víctimas sin cuento. Jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, pobres y ricos van cayendo víctimas de calabrés agudísimos y vómitos incontenibles... Ni aún entierros se les hace: ni al ataúd siquiera van a parar sus cadáveres... En desvencijado carro que, al son de fatídica esquila, se desliza, cual ave de mal agüero, por las calles, vanse afinando restos humanos. Y es en Almonte y en Rociana, en Villarrrasa y en Bonares, en Manzanilla y en Villalba, donde montones informes de apestados del cólera caen sin cesar del carro fúnebre en el hoyo del sepulcro ...

Desde el abrigo que ofrecía la enhiesta silueta de la torre barroca, la veleta del Santo Apóstol a caballo, alertaba a sus protegidos: la negra sombra de la muerte se acercaba, cada vez más, a la tranquila villa. Las noticias, traídas en veloz carrera por negros jinetes, sembraban el miedo entre los asustados vecinos. Un día era Manzanilla la que caía bajo las mortíferas redes; al otro Villalba y La Palma; Rociana era ya presa de la cruel enfermedad, así como Almonte. Desde La Palma, comenzaron a llegar sus vecinos huyendo de tan letal plaga, pero al estar cerrados los caminos por orden de la Junta de Sanidad, hubieron de permanecer todos en la dehesa. Hasta que un nefasto día, ante el estupor de todos y la inevitable fatalidad, segó la cruel encapuchada la primera vida en nuestro pueblo. Sería el alma inocente de un niño de cuatro años la primera que arrebatara la pérfida enlutada. A él seguirían su madre y su abuela, y cuando los presagios más funestos parecían realizarse, dadas las condiciones higiénicas de muchas casas y la pobreza de muchos de los habitantes, volviéronse de nuevo los tristes ojos hasta Aquella, la Madre, la única capaz de derrotar a enemigo tan poderoso. Era, de nuevo, la voz del hijo necesitado suplicando protección y amparo. Era la fe ante la desesperación, era el amor ante el miedo, y era, ante la muerte segura por la voraz epidemia, la vida en las manos amorosas de la Celestial Señora. Y otra vez más, como siempre, su sonrisa trajo la tranquilidad y el alivio a los bollulleros. Mientras en los pueblos cercanos la enfermedad seguía cobrándose gran número de víctimas sin compasión, llegándose a las treinta tres diarias en La Palma, y parecido número en otros pueblos, en Bollullos sólo se llegaría a cobrar los tres anteriormente indicados. Era nuestro pueblo, en aquellas semanas que duró el contagio, un hervidero de fe y devoción. Se sucedieron las novenas en honor a la Señora, se multiplicaban las plegarias ante su paso, y, en espacio tan corto de tiempo, las salidas a la calle de la Bendita Madre para ir al encuentro de sus afligidos hijos, se prodigaron, resultando emotivos exponentes de la devoción de un pueblo a su patrona que no conocía límites.

Mediado el mes de Agosto, el pueblo había quedado libre de tan terrible amenaza. Llegaba la hora del agradecimiento, y así supieron hacerlo los miembros de la Hermandad, pues en acuerdo de cabildo de 19 del mismo mes, en unión con el Clero, el Ayuntamiento y la Junta de Sanidad, hicieron solemne voto de celebrar perpetuamente una función solemne en el día de la Inmaculada Concepción de Nuestra Señora, como acción de gracias por su divina intercesión, haciéndose eco también del Dogma que el año anterior acababa de proclamar el Santo Padre, Pío IX, sobre la Concepción Inmaculada de la Virgen, y que tanto júbilo y alborozo despertó en toda nuestra bendita tierra.

Según se recoge en el libro de cuentas, “... Para celebrar la función en acción de gracias por la Definición Dogmática de la Inmaculada Concepción de María se determinó comprar a la Señora un vestido nuevo de Purísima. La túnica o saya la costeó Dª Concepción Borrajo y el manto de raso celeste con una punta ancha de oro fino.”

 

Diez años más tarde, cuando todo parecía quedar felizmente superado, volvió la maligna epidemia. Como se recoge en el Libro de Cuentas, “Con motivo de hallarse invadidas del Cólera morbo por el mes de Sepbre varias ciudades y poblaciones de España y principalmente Sevilla y Triana, donde causó muchos extragos, y en algunas poblaciones inmediatas ... “, la alarma cundió de nuevo, por lo que la Imagen de Nuestra Señora no fue trasladada la ermita después de los cultos de su día. Esta vez la incidencia en la población fue mínima, no constando que hubiese víctimas mortales entre los contagiados. A pesar de ello no se dudó en tomar las medidas oportunas para frenar su avance, ayudado, sin duda, por la experiencia que le proporcionó el trágico precedente de 1855. Cabe destacar entre las medidas tomadas, el hecho de que se acordase habilitar la propia ermita como hospital, debido a que su aislamiento del pueblo la convertía en lugar apropiado para impedir que se propagase la enfermedad. El pueblo había visto en ello una nueva y palpable demostración de la intercesión graciosa de su Patrona y del celo con que Ésta protegía bajo su manto a su amoroso redil. Quiso de nuevo manifestarse el sentimiento de sincera gratitud en otro presente para la Reina del Cielo. Tras nuevas recogidas de limosnas, se confeccionó un hermoso manto de terciopelo grosella bordado en oro, que costó 15.100 reales, sin contar el material utilizado. Es éste el segundo manto de salida que posee hoy, y que alterna con el recogido anteriormente.

Pasados unos años, la Hermandad vuelve a entrar en una fase de cierta normalidad. En el marco de un pueblo que va creciendo poco a poco, ganándose un lugar preponderante en el ámbito de su comarca, la Corporación no parece tener mayores preocupaciones que las que aparece en un cabildo de 1871, en donde acuerdan crear una comisión que se encargaría de elaborar nuevos estatutos, consignando en ellos las cuotas y obligaciones de los Diputados y hermanos. Se expresa en los mismos, que el fin que se persigue es el de fomentar el culto a su titular. Pero esta acta es también importante, pues con él se cierran las que existen en la hermandad correspondientes a ese siglo. Hasta la época del mandato de D. Manuel Ayala, ya en la siguiente centuria, no se redactarán más actas, salvo que las mismas se hubieran perdido en ese periodo. Cuando se redactó este último testimonio de la vida de la hermandad en el siglo pasado, figuraba como hermano mayor de la misma D. Mariano Ayala y Penillos. Suponemos que la historia de la corporación discurriría sin más sobresaltos dignos de mención por los últimos años del XIX y los primeros del siglo XX, dado que los únicos documentos que posee la Hermandad de esta fecha son correspondencia sobre asuntos calificados como rutinarios: nombramiento de predicadores, fuegos de artificio para la fiesta principal, etc. Debe tenerse en cuenta que esta aparente normalidad se cimentaba en un hecho incuestionable: desde hacía casi un siglo, la dirección de la Hermandad estaba en manos de una familia, los Ayala, quienes desempeñaban su cargo a cuenta de su propio patrimonio personal, y cumpliendo todos los actos y obligaciones de la corporación sin que bajara el esplendor de los mismos. Ahora bien, es lógico pensar, por otra parte, que este patrocinio llevara acarreado ciertas reticencias, o una falta de aliciente por parte de otras personas, para formar parte de la Junta de Gobierno. Pensamos que este es el verdadero sentido que hay que darle a la palabra reorganización, que aparece en algunos documentos de la época. Es decir, no se puede abordar esa palabra pensando en una virtual extinción de la corporación, ya que ésta no se produce en ningún momento, como demuestran sus cultos y actividad durante todos los años. Dicha reorganización, pues, se debe referir a que las autoridades eclesiásticas sugerían una apertura de la Junta de Gobierno a nuevos miembros.



 

EL SIGLO XX. UN PRINCIPIAR COMPLEJO

Pasada la Fiesta Principal de la Señora del año 1918, aparece la amenaza de una terrible enfermedad: la Gripe. Los estragos que la misma podía causar en la población son grandes, debido a que, en esa época, aún la medicina no había alcanzado un remedio eficaz para luchar contra la plaga, ni las condiciones higiénicas de muchas viviendas del pueblo eran las más idóneas. Debido a ese motivo, el Sr. Cura D. José Domínguez Pavón organizó un rosario de penitencia y misa de rogativa a la Santísima Virgen para el día 31 de Octubre. A la procesión estaban invitadas oficialmente todas las hermandades, ya que el Párroco ruega encarecidamente al Hermano Mayor que asista acompañado de una comisión de cofrades con su estandarte o bandera. Dicho rosario daba comienzo en la Parroquia de Santiago para terminar en la propia Ermita, donde tendría lugar la citada misa de rogativa.

 

Grande debió ser la devoción y el sentimiento con que el pueblo imploró a su Patrona el remedio de tal enfermedad, pues ésta ya empezaba a cobrarse las primeras víctimas, siendo imposible determinar con seguridad el número final de las mismas, puesto que, al consultar los documentos de la época, se llega a interpretaciones contradictorias. Lo único que sí podemos decir es que, gracias a la intercesión de la Señora, los efectos de la enfermedad sobre la población fueron mucho menores de lo que se temía. Ante esto, el Ayuntamiento, haciéndose eco del sentir popular, acuerda celebrar una función religiosa el día 30 de Diciembre, impetrando la protección de la Virgen para que conceda la gracia de terminar con la epidemia. Para tal función acuerdan solicitar al Padre Mariano Ayala Fernández que acuda a predicarla. Este es un primer acuerdo al que llega la Corporación, que no descarta en el documento realizar otra de acción de gracias una vez que la epidemia haya desparecido de la Nación, corriendo los gastos que ocasione la misma a cargo del propio Ayuntamiento. Éste, ante la benignidad con que había sido tratada la población por la epidemia, acuerda el 6 de febrero de 1919 que “... este hecho debe atribuirse a un milagro como otros muchos que ha dispensado y dispensa Nuestra Señora de las Mercedes...” y, ante esto, le ofrecen una solemne función religiosa el día 23 de Febrero, señalando, en principio, que la misma debía celebrarse en la ermita, aunque luego por otros motivos se celebró en la Iglesia de Santiago, corriendo la predicación a cargo del sacerdote D. Mariano Ayala, elegido porque“... con su elocuencia sabrá ensalzar las glorias y hechos de la Virgen ...”. El Ayuntamiento se hizo eco del sentir y fervor de los habitantes de Bollullos al costear dicha función, como así reza en el documento firmado por el Alcalde, D. Antonio Moyano.

 

Existen misivas enviadas a los vecinos, tanto por parte de la Institución municipal, como por parte de la Hermandad, en la que su Hermano Mayor, D. Manuel Ayala, anima a los bollulleros amantes de la Santísima Virgen a que acudan a la función y acompañen a la Señora hasta su ermita, comprometiéndose a abrir una suscripción popular para costear la “Amplia restauración de la ermita de Nuestra Señora de las Mercedes como tributo perenne de gratitud, que ofrecerá el pueblo de Bollullos del Condado a su Excelsa Patrona por su benéfica intervención en favor del mismo librándolo de los estragos de la epidemia gripal”. En las mismas, se promete la renovación del camarín. La primera piedra del mismo la puso el Padre Mariano, que con su oratoria consiguió despertar los corazones dormidos de muchos devotos e involucrar a todo el pueblo en una tarea común, difícil e ilusionante, cual era la construcción del nuevo templo, y finalmente su inauguración el 10 de Julio de 1927.

 

Pasados unos años, sobrevino una época de inestabilidad política, social y religiosa. Con el advenimiento de la Segunda República, los problemas en el plano religioso se agravarían, impidiéndose la salida del viático a la calle y dificultando las manifestaciones religiosas, tales como procesiones, rosarios, e impidiendo el toque de campanas, obligando a cubrir los azulejos de imágenes religiosas, de santos o vírgenes. Estos sucesos correspondieron, sobre todo, al primer año y a las etapas finales de la República, quedando el periodo intermedio como una fase algo más tranquila.

 

Ante estos acontecimientos, consta en un documento de la hermandad la intención de celebrar función y procesión de acción de gracias y desagravio “... si para fin del presente año habéis dado solución firme al estado calamitoso de desorden y anarquía en que vivimos...” haciendo referencia, igualmente a que la misma se celebraría para la Inmaculada Concepción, fecha en la que ellos esperaban que se hubiera calmado el ambiente.

 

No se calmó, ni mucho menos, ya que en la noche del 6 de septiembre se produciría un grave altercado, cuando el rosario discurría por la calle de las Mercedes. El cortejo sufrió la agresión de unos alborotadores llegando a adquirir el suceso tales tintes de importancia que sonaron algunos disparos y el simpecado hubo de ser escondido en una casa y sacado por la puerta posterior, enrollado en una tela sin el asta para que pudiera pasar desapercibido.

 

La procesión de la Señora, prevista para su fiesta, se llegó a posponer para otra fecha; así figura en un acta en poder de la hermandad que firma el Alcalde de entonces, D. Antonio Valdayo, el primer teniente de alcalde D. Miguel Merchante, el hermano mayor D. Manuel Ayala y el párroco D. Antonio López Virella. Mientras se producía esta reunión, fuerzas de la Guardia Civil llegaban al pueblo para reforzar la dotación existente. A las tres de la tarde, el comandante de puesto recibe una orden del Ministerio de Gobernación en la que se le obliga a garantizar la seguridad de la procesión. Lo que nos lleva a pensar que ese año no se celebró la procesión.

 

Ante la confusión reinante en estos años, era costumbre de algunas personas, interpretar los vivas a la Virgen y los cohetes, como una provocación de signo político. De ahí que el 9 de Septiembre de 1933, sale una proclama de la hermandad, en la que se hace especial hincapié en intentar desvincular a la Señora de ningún tipo partidismo de carácter político: “ ... la Virgen de las Mercedes no es de ningún modo, banderín de enganche ni pendón de combate para lucha alguna entre nosotros, sino cabalmente lo contrario. Es patrona celosísima que con su comprensión a todos nos iguala ... Cuando pues de Ella, no se trata, cada bollullero tiene, sus ideales e intereses peculiares aún encontrados; en tratándose de Ella, todos los bollulleros han prescindido de esas diferencias, coincidiendo siempre unánimes en el punto de honrar a su Patrona... Evidentemente pues los vítores y demás medios de expresar el entusiasmo, como bengalas, cohetes, repiques, etc, dirigidos a celebrar la fiesta de la Virgen de las Mercedes, no hay derecho a tomarlos ni interpretarlos en ninguna otra significación, y menos aún molesta o agresiva …”.

 

La hermandad estaba obligada a pedir permiso a las autoridades para poder realizar actos públicos, como el rosario del día 11 o la procesión en su fiesta. Así, consta en dos oficios remitidos por el Ayuntamiento en fecha 10 de Septiembre de 1933, e igual fecha en el año siguiente, dando autorización para que se celebren dichas procesiones.

 

Con la llegada de la fiesta de Septiembre de 1935, el ambiente volvía a estar enrarecido y comenzaba a ser triste presagio de los acontecimientos que habrían de venir. Así, el 11 de Septiembre, el Alcalde envía un oficio a la hermandad donde autoriza a la Banda de Música para que dé el concierto en la galería del Ayuntamiento, así como salir por las calles, para que se coloquen arcos en la vía pública, y para que se pudieran disparar cohetes y fuegos de artificio. Pero de misma fecha remite otro al párroco, autorizando que se celebre la procesión y el rosario, pero haciéndole “... responsable de toda alteración de orden público que de los mismos pudieran derivarse ...”.

 

EL ESTALLIDO DE LA GUERRA CIVIL Y LA PROTECCIÓN DE LA IMAGEN DE LA SEÑORA

Habría de llegar el fatídico año de 1936. En medio de un clima de claro enfrentamiento, iban a endurecerse las medidas en contra de los actos y símbolos religiosos. En el Archivo Diocesano de Huelva, se encuentra la carta remitida el 21 de Mayo por el párroco D. Antonio López Virella al Sr. Cardenal pidiendo instrucciones sobre dos oficios que ha recibido del Sr. Alcalde, uno prohibiendo el toque de campanas y otro conminando a que se retiraran los azulejos de la Virgen y santos existentes en todo el pueblo. Así las cosas, la Virgen se encontraba en la Parroquia presidiendo el Altar Mayor, ya que la ermita se encontraba en obras.

 

El 18 de Julio, se subleva el ejército de África y comenzó la guerra civil. Como todos los pueblos, o al menos aquellos donde no había un destacamento militar, el poder queda en manos de las fuerzas municipales, que a veces no eran capaces de frenar los impulsos de alborotadores y grupos violentos. El domingo 19 de Julio, tras apostar grupos armados con escopetas en las esquinas de los accesos a la Plaza de la Iglesia, un grupo de incontrolados saquea y prende fuego a la Iglesia. Las Imágenes y diversos enseres de la Parroquia y Capilla de la Misericordia, fueron amontonadas en una pira en el centro de la plaza e incendiadas posteriormente. Lo mismo ocurrió con la Capilla de Jesús, perdiéndose en estos sucesos gran cantidad de valiosas obras de arte y perdiendo Bollullos un trozo importante de su historia. Gigantescas y negras columnas de humo se elevaban desde la Iglesia, y gran parte del pueblo pensaba que su amorosa Patrona ardía también en aquel horrendo espectáculo.

 

Sin embargo, al estar sobre aviso el cura, se suspendió la misa de la mañana y Manuel García, el sacristán, sacó en un envoltorio a la Venerada Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, antes de que llegaran los incendiarios. A partir de aquí, se sucedieron acontecimientos emotivos donde quedaron de manifiesto el gran amor de muchas personas por su Virgen, que los hacía, incluso, llegar a poner su vida y la de sus familias en peligro. De ello es buena prueba el testimonio de Rosario, la hermana de José María Iglesias, actual tesorero de la hermandad y testigo directo de tan lamentables sucesos.

 

En un primer momento la Imagen fue ocultada en la casa de Adulfo Neble, donde permaneció tres días, en el transcurso de los cuales fue ocultada en distintos sitios, enterrada en el patio, en un pajar y en una barrica vieja llena de papeles que estaba en el doblado. De allí hubo de ser trasladada de nuevo debido a la inseguridad que provocaban los constantes registros. Esta casa era frecuente objeto de dichos registros puesto que algunos miembros de esa familia eran cazadores, y, por tanto, tenían armas de fuego.

 

De nuevo sería la sacristana, junto con su hija, la que se arriesgaría en tan peligroso empeño. En medio de esta situación tan tensa, decidieron ocultarla en casa de los Míguez, pero, de acuerdo con sus dueños, desestimaron esta idea pues no inspiraba confianza el personal de servicio que allí trabajaba.

 

A las ocho de la mañana de ese mismo día, llegó la Señora a la que habría de ser su seguro refugio, en la Calle Santiago. Entre la emoción de los familiares de Fabián, su dueño, preocupados y asustados, pero a la vez orgullosos de alojar a tan egregio huésped, la Imagen fue escondida en un principio en la cama de la esposa del anteriormente citado, persona de edad y que se encontraba enferma. Qué sentimientos no habría de invadir el corazón de esta buena mujer al saberse en la cama, tan cerca de su bien amada patrona. Con qué emocionadas palabras, plenas de amor filial, no habría de dirigirse a la Virgen Bendita, sintiéndola tan cerca. Y también, cómo no, cuánto no habría de sufrir su alma, sabedora que Ella, su Virgen, estaba perseguida y amenazada. No le importó lo peligroso de la situación y la ocultó en el hueco que su cuerpo dolorido dejaba al estar incorporada por sufrir males de espalda. Milagrosamente, su enfermedad quedó curada, no dudando ella en atribuir este favor a la presencia en su casa de la Santísima Virgen. El sitio no acababa de resultar seguro, con lo que es trasladada al doblado de la casa, bajo las tejas. De allí, por temor a que la tan Venerada Imagen sufriera por el calor de Julio, la bajaron a otro escondite, mientras estaba comenzando un nuevo registro. La situación era cada vez más angustiosa, pues los grupos de “escopeteros”, habían amenazado con matar a los que viviesen en la casa donde estuviera escondida la Virgen y posteriormente prenderían fuego a la vivienda. En la cuadra, bajo el estiércol, pasó este nuevo registro que duró un par de horas, tras el cual volvió al doblado, esta vez llevada por el padre de Rosario. Se produjo entonces un momento de particular emoción, donde las lágrimas afloraron a los ojos y el amor hizo, por unos momentos, olvidar el peligro. La Madre de Rosario quiso ver la cara de la Virgen que ya llevaba tres días en su casa. Debió de ser lastimoso para esos ojos acostumbrados a ver a la Celestial Señora, triunfante en su trono dorado, o presidiendo regiamente el altar de la Iglesia, observar el estado en que aparecía ahora ante ellos. Estaba envuelta en un paño negro y en un vestido de la Señorita Reposo Neble, llevando alrededor del cuello una guita que ataba las ropas y las sujetaban. Con nerviosa reverencia, retiraron amorosamente el paño y apareció su angelical rostro, más dulce y hermoso que nunca. A buen seguro que su maternal sonrisa debió confortarlos y darles ánimos en tan comprometedora situación. Al verla tan cerca, la madre de Rosario se dirigió a ella pidiendo que los iluminara, al decirle: “ ... ay, Madre mía de las Mercedes, no encontramos donde meterte. Ya que has querido venir a esta casa, como te pedía mi madre, búscanos Tú un sitio para esconderte ... “

 

De seguida encontró solución. En la escalera que daba al doblado, había un hueco que estaba cerrado y tenía una puerta y, debajo del hueco, a mano derecha, había un rincón estrecho y alto, como una alacena. Rápidamente se llevó a la Virgen al hueco, que tenía la medida justa de anchura. Pero había que cubrir el hueco; era difícil encontrar los materiales y numerosas vicisitudes acompañaron la búsqueda del yeso, por parte del padre de Rosario, ya que las vigiladas calles solían estar desiertas por miedo a las detenciones. La Virgen quedó oculta en el hueco de la escalera, poniendo a sus plantas un colchoncillo de paja y una manta con objeto de proteger la Imagen de la humedad. Una vez tapiado se encendió una copa, para que con el calor, se secara antes, blanqueándose a continuación. Muy pocas personas conocían el escondite de la Virgen. El 27 de Julio desaparece la amenaza, tras la entrada de las tropas en el pueblo, pero no se descubre la Virgen. Con mucho sigilo y discreción, los padres Mariano y Pedro María visitaron la casa y conocieron el lugar donde permanecía oculta la Señora. El 12 de septiembre, día de su fiesta, fue descubierta de nuevo, si bien, desde el día antes, ya se había revelado al pueblo que la Virgen se encontraba a salvo y el lugar donde se ocultaba. Se improvisó un altar en la propia casa, presidido por la Imagen; de allí fue trasladada a la Plaza de la Iglesia, donde se ofició la Santa Misa, y, a su término la Santísima Virgen sería finalmente llevada a la Capilla de la Misericordia, que había sido saqueada pero no quemada.

 

Y Tú, Celestial Princesa, que como Madre buena habrás perdonado ya a aquellos que causaron tanto mal, te viste acosada y perseguida como lo fuiste cuando huiste a Egipto, para escapar de la cruel persecución de Herodes. Como entonces, cogiste a tu Hijo y arropándolo en un manto le buscaste seguro refugio. Y, prodigiosa coincidencia, lo encontraste en una humilde casa, y en su pesebre hallaste abrigo y cobijo, como en el tierno establo de Belén. Como entonces, fuiste escondida entre pajas y, ocultamente, discretamente, esperaste que se revelara el día de Tu gran Gloria. Volvías a reinar en los corazones de Bollullos y, resplandeciente en tu belleza junto a las ruinas de la que fue tu casa, hubiste de ser la piedra angular sobre la que se edificó la nueva casa para tu divino Hijo. Entre los calcinados muros de la Parroquia había perecido tu ráfaga y tu paso, pero el pueblo de Bollullos habría de darte en breve plazo la mayor de las distinciones que te podía otorgar.

 

Desde ese mismo momento, y hasta 1948, los esfuerzos de la hermandad se centraron en perseguir un doble objetivo: por un lado, reintegrar todo el patrimonio perdido como consecuencia de la guerra civil, tanto en lo que se refiere a enseres procesionales, como a objetos de culto, etc. Durante ese periodo, y hasta que se reabriera al culto la Parroquia de Santiago, la Virgen realizó sus cultos y salidas procesionales desde la Capilla de Nuestro Padre Jesús, haciéndolo sobre el paso de la Virgen del Rosario hasta 1948. Por otro lado, retomaría el empeño interrumpido, y que arrancaba desde 1927, de coronar canónicamente a su Sagrada Titular.

1948. EL AÑO DE LA CORONACIÓN

La Coronación Canónica de nuestra Patrona, fue consecuencia obligada del espíritu que había pervivido en los corazones de los bollulleros desde la bendición de la nueva ermita, aquella magna demostración de amor y devoción. Estaban convencidos de que era poco lo que se había dado a su Bendita Madre para lo que Ella merecía. Como prenda de gratitud era ése el mayor don que se podía ofrendar, el más alto honor que la Iglesia católica otorga a una Imagen de la Virgen, que por aquel entonces, sólo podía ser concedida por el Santo Padre, mientras que actualmente puede hacerlo el Obispo de la Diócesis. Como dato importante señalar, que hasta ese año, en la provincia de Huelva únicamente había sido Coronada Canónicamente la Virgen del Rocío (1919), pasando entre ellas 29 años, y hasta 1992 ambas imágenes han sido las únicas en ostentar tal distinción en dicho marco territorial.

 

Los primeros intentos comenzaron a gestarse de mano de los Padres Mariano y Pedro María Ayala, al igual que de Manuel Ayala, que seguía siendo Hermano Mayor de la corporación. Sin embargo, a pesar de ser concedido el privilegio del Papa, el proceso burocrático fue más que farragoso, ya que las únicas armas con las que contaba el pueblo de Bollullos era la devoción sin límites que había experimentado desde tiempo inmemorial, y los milagros sin número que la Señora tenía acreditados como favores a su bien amado pueblo.

 

No obstante, la idea de una celebración de esta guisa, que nunca debemos olvidar, partía de tiempos anteriores, ya que durante el Arzobispado de don Enrique Almaraz -una calle entre nosotros puede ser un síntoma- comenzó a suscitarse esta Coronación. Conocedor de la antigüedad de la aparición, favores públicos concedidos por su intercesión y por el culto con que fue honrada durante un largo lapso de tiempo, el Cardenal Almaraz acogió cordialmente la propuesta para iniciar los trámites. Por su parte, su sucesor, el nuevo prelado don Eustaquio Ilundain, hizo prácticamente suya la idea, siguiendo los trámites de la misma.

 

Lamentablemente, el proceso se vio paralizado por los inestables años de la República, así como por la situación de Guerra Civil que sucedió a ésta. Y en todo momento, a pesar de los inconvenientes que iban surgiendo, figuras como la del Padre Mariano insuflaba a todos nuevas fuerzas, haciendo caer estas barreras. Fue realmente el jesuita, paisano nuestro, el artífice de la Coronación de la Santísima Virgen.

 

En la primavera de 1947, se presentía ya en los corazones de todos los bollulleros el gozo ante la gracia que estaba a punto de ser concedida. Un telegrama con fecha 20 de Agosto, enviado desde Madrid por el Padre Mariano, se adelantaba al documento oficial de la Curia: “Citta Vaticano … Coronación. Virgen Mercedes concedida. Cardenal Tedeschini.”. Tres días más tarde, llegaba la certificación oficial en forma de Rescripto Pontificio de fecha de 25 de Agosto:

 

Federico, del título de Santa María de la Victoria de la Santa Romana Iglesia, Presbítero Cardenal Tedeschini, Arcipreste de la Santísima Patriarcal Basílica de San Pedro de Roma, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda Fábrica de dicha Basílica, junto con el Capítulo y Canónigos de la misma.

Al Eminentísimo Cardenal Pedro Segura, Arzobispo de Sevilla, salud en Cristo. Como entre los diversos derechos y privilegios, concedidos y confirmados ya de antiguo por la Silla Apostólica de Nuestro Capítulo Vaticano, se cuenta también el Honorífico de coronar las Sagradas Imágenes de la Beatísima Virgen, Madre de Dios, insignes por la antigüedad y fervor del culto por los fieles a ella tributados, así como por la fama de sus celestiales prodigios: por esta razón, el reverendísimo Padre Mariano Ayala S.J., conforme a las letras Comendaticias de Tu Eminencia y del Vicario General en Tu ausencia, pidió con vivas instancias, que tuviésemos por bien conceder los honores de la solemne coronación a la Sacratísima Efigie de la Virgen de las Mercedes. Hasta ahora por la premura del tiempo, no se nos ha remitido ninguna historia peculiar de la expresada imagen de Nuestra Señora de las Mercedes, sin embargo, de la antigüedad del culto de Esta Sacratísima Imagen y de la muchedumbre de celestiales favores por Ella otorgados. Nos consta por el acuerdo de una Junta de doce Doctores en Derecho Canónico y también por el dictamen de no pocos profesores, todos los cuales, con gran firmeza y concordia, resolvieron que esta Sacratísima Imagen de la Madre de Dios, debía ser coronada con solemne rito, en virtud de Nuestra Canónica autoridad. Nostros, pues, reunidos en legítima Congregación, el día XVII del presente mes de Agosto, por acuerdo unánime, decretamos y mandamos, que la Sagrada Efigie de la Beatísima Virgen, Nuestra Señora de las Mercedes, con solemne rito y en vigor de Nuestra autoridad, debía ser coronada, con áurea corona. El Eminentísimo Arcipreste de Nuestra Patriarcal Basílica Vaticana, Federico Tedeschini, recuerda, muy frecuentemente, esta Santísima Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes y así mismo la inauguración de Su Santuario, ocurrida en el Año del Señor de MCMXXVII; por lo cual dicho Señor Eminentísimo, con especial piedad y de todo corazón, desea vivamente se le tenga entre los presentes, tanto en la Misa Pontifical, que precede a la solemne coronación de la Beatísima Virgen, como en la misma fiesta de la coronación.

El encargo de llevar a cabo la sobredicha coronación lo hemos conferido y por las presentes, confirmo a Ti, Amplísimo y Eminentísimo Señor, para que en nuestro nombre, impongas la dicha corona de oro, sobre las sacratísimas sienes de la Beatísima Virgen María, figurada en la referida Imagen, el día que mejor te pareciere y al mismo tiempo la facultad de delegar a Tu arbitrio, en cualquier otro Obispo, la dicha potestad.

Dado en Roma, en la Ciudad del Vaticano, día XXV del mes de Agosto del año del Señor de MCMXLVII, del Pontificado de Nuestro Santísimo Señor Pío Papa XII el VIII.”

 

 

Se había conseguido. Por fin el anhelado deseo se había hecho realidad, y la alegría inundó todas las casas del pueblo. Era ya un hecho. Y la fecha escogida, el 2 de Julio de 1948, festividad de la Virgen María en su visitación, fue determinada por la Hermandad, y que quedará para siempre grabada con letras de oro en los anales de esta devoción secular y en lo mas profundo de los sentimientos de los hijos de este pueblo que siempre la han venerado con el sagrado título de Mercedes.

 

 

El Pueblo partícipe

 

Quizás uno de los actos determinantes para enfervorizar a los vecinos de esta ciudad, fueron las misiones, que bajo la iniciativa de esta Hermandad, se pusieron en marcha. Desde el 1 de Abril hasta el 11 del mismo mes, seis padres de la Compañía lograron crear una atmósfera de autenticidad cristiana. Se abrió la Santa Misión con un acto multitudinario en la Plaza del Sagrado Corazón de Jesús, iniciándose con jornadas exhaustivas, rosarios de la Aurora, catequesis para niños, pláticas doctrinales o morales, etc. Multitudinarias aglomeraciones con la procesión de penitencia del Cristo de la Veracruz y el rosario de la Aurora presidido por la Virgen de las Mercedes. El acto culminó con una entrada triunfal de la Custodia bajo palio, siendo recibido en la Plaza de la Iglesia por la Santísima Virgen, acto que recordarán todos los bollulleros. Estas misiones influyeron sin duda alguna en el ambiente religioso-popular de nuestras gentes, una regeneración del pueblo cristiano que dio paso a la Coronación.

 

Pasado el júbilo de los primeros días, se empezaron a planificar los actos a celebrar. En unos años en los que España se hallaba inmersa en una gran penuria económica, el pueblo se volcó en uno de los principales cometidos: la elaboración de la Corona que había de colocarse sobre las sienes de la Santísima Virgen. Fueron incesantes las donaciones de anillos, medallas, cadenas, pulseras, y otras joyas de oro, así como donativos en dinero. Por ello, se puede decir que la Virgen fue coronada con el amor de todos los bollulleros, pues en cada joya ofrecida iba, no solamente un sacrificio económico, sino también uno sentimental, ya que muchas de ellas eran herencia amorosa de los antepasados. El fino trabajo de orfebrería, siguiendo el proyecto elegido de Joyería Reyes, fue encargado a ejecutar por Joyería Ordoñez (Sevilla).

 

A finales de junio, todo el pueblo era ya un hervidero de nervios, ilusión y alegría contenida. Extenso fue el programa de actos que se preparó como prólogo al gran día, para que este terminase siendo uno de los más importantes en la historia de Bollullos.

 

El día 28 de Junio, hizo su entrada en el pueblo el Sr. Obispo de Cádiz Sr. Dr. D. Tomás Guitérrez Díez, recibido por las autoridades civiles y eclesiásticas, hermandades y asociaciones, y acompañado por la Banda Municipal de Música. Esa misma noche, en el cine España se celebró una velada literariomusical, que prologó el propio párroco de Bollullos, y donde disertó de manera sensacional el orador D. José María Valiente. Intervino el tenor Villalba con la Romanza de la Dolorosa, siguiendo la composición “La Virgen de las Mercedes y su Pueblo”, del Jesuita Padre Huelin, cantada por el coro de niños, así como el himno de la Coronación, obra del Padre Pedro María.

 

En la avenida de los Caños, los actos tuvieron su colofón con la vistosa función de fuegos artificiales del afamado pirotécnico valenciano Luis Brunchú Caballer. Además, lucía en todo el recorrido que iba a seguir la Virgen, una espléndida iluminación.

 

Al día siguiente, daba comienzo el triduo preparatorio, con misa solemne a las once, oficiada por el Reverendo Padre Marín Prieto Rivera S.J. de la Residencia de la Compañía en Sevilla, asistiendo el Excmo. Sr. Obispo de Cádiz, y a cargo del sermón el Sr. Dr. Fernando Torralba y García de Soria, cura de la Parroquia Mayor de la Santa Cruz (Écija) y regente de la de San Lorenzo de Sevilla. Asistieron la Corporación Municipal en pleno, representantes de hermandades y asociaciones y todo el pueblo en general. A su finalización, se descubrió una lápida en la Calle Santiago, en la casa donde permaneció oculta la Imagen, para el recuerdo de este emocionante acto de amor.

 

El día 30 de junio, las celebraciones continuaron en el templo mientras seguían llegando gente de los pueblos limítrofes para asistir a los distintos actos. Entre ellos, el Emmo. Y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Metynn, dimisionario de Lima, Monseñor Lisson. A media noche, hubo sesión de fuegos y el concierto de la Banda Municipal.

 

El día 1 de julio, los asistentes eran tantos que triplicaban el número de habitantes de Bollullos. La misa solemne sería oficiada por el Párroco D. Antonio López Virella, predicando el Vicario General de la Archidiócesis de Sevilla, D. Tomás Castrillo y Aguado. A las doce de la mañana, llegaba la personalidad más esperada, el Emmo. Y Rvdmo. Obispo de Córdoba Sr. Dr. D. Fray Albino González Menéndez-Reigada, el designado por el Cardenal Segura para coronar a la Virgen.

 

En la víspera del acto principal, comenzaban a arribar a la localidad reporteros y periodistas de los medios más importantes, entre ellos, estuvieron los encargados del NO-DO, y los de Radio Nacional de España, para emitir en directo la ceremonia para todo el país. A la noche, se daba por finalizado el triduo, en el que el Obispo de Córdoba intervenía sobre la magnanimidad del acto.

 

 

El gran día

 

¡Y llegó el día más esperado! Ojalá pudiéramos hoy, con tanta abundancia de medios técnicos, disfrutar del aspecto que presentaba Bollullos en estas primeras horas. Los que lo vieron, a buen seguro, guardan un emocionado recuerdo. El pueblo no había dormido, a pesar de la tranquilidad que mostraban las calles en las primeras horas de la mañana, ya que durante toda la madrugada se habían sucedido las misas. Todo permanecía sereno mientras que, en cada casa de Bollullos, había una nerviosa agitación, una emoción contenida y una gozosa impaciencia.

 

Las calles engalanadas con colgaduras y banderas: ricos terciopelos, señoriales tapices y elegantes damascos lucían en los balcones de los más pudientes. Competían en belleza y armónica elegancia con los floridos mantones y hermosas colchas de las gentes sencillas. Se levantaron arcos florales, y en las aceras, lucía el oloroso romero y la verde juncia, que había sido alfombra previamente para el Corpus. Airosas palmas en rejas y ventanas, e inundaban el aire con cientos de fragancias las macetas y flores que salían de los patios encalados y los cuidados jardines. Y mientras, en los Caños, escoltado por esbeltas acacias, aguardaba imponente, el triple arco que habría de ser el marco de tan sublime acontecimiento.

 

A las nueve de la mañana desfilaban frente al Ayuntamiento las bandas de música del Regimiento de Infantería Granada 34, del Asilo de Ayamonte, y las municipales de Huelva y de Bollullos. Mientras llegaban las autoridades y los principales invitados, tanto a nivel provincial como nacional, siendo recibidos por la Comisión Gestora Municipal, la Comisión Organizadora y las autoridades municipales.

 

Comenzó la solemne misa de Pontifical a las diez, oficiada por el Emmo. y Rvdmo. Obispo dimisionario de Lima con el Canónico de la Catedral de Sevilla D. Miguel de Orellana y D. Francisco Manuel Gil González, cura de Villalba y D. Diego Guzmán, cura propio de Cartaya. El tenor D. Manuel Villalba dirigía la Schola Cantorum de la Catedral de Sevilla y el Coro de Seises. Presidían los Sres. Obispos de Cádiz y Córdoba, actuando este último como representante del Cardenal Segura. Al alzar a Dios, atronaron las salvas de ordenanza mientras sonaban los acordes de la Marcha Real.

 

Tras la misa, daría comienzo la procesión, que habría de llevar la peregrina Imagen de Nuestra Señora desde la Parroquia al lugar de su coronación. Las calles aparecían ya abarrotadas por numeroso público, haciendo difícil el paso de la comitiva. Encabezaba ésta la Guardia Civil, en traje de gala, con su banda de cornetas y tambores. Seguía a las bandas el clero secular, integrado por un gran número de sacerdotes de la Archidiócesis, y el clero regular, presidido por el Padre Martínez Prieto S.J., y un gran número de niños vestidos de ángeles y con trajes de primera comunión.

 

El Alcalde de Bollullos, D. Antonio Suárez, portaba en bandeja de plata la corona del Niño, como padrino de la Coronación, mientras que la madrina, Dª. María Ramona Pérez de Ayala, su esposa, hacía lo propio con la corona de la Virgen. Un cuerpo de servidores y acólitos cerraban el grupo, dando paso a la Señora entronizada. Detrás, iban los prestes, seguidos de la Comisión Organizadora, la Gestora Municipal, las presidencias y la Banda de Cornetas y Tambores del Regimiento de Soria.

 

Las actuales calles Antonio Machado, Miguel de Cervantes y la Avenida de la Constitución, fueron el tránsito por donde discurrió, la letífica procesión, como río humano que desembocaba en un mar embravecido de almas, que llenaban por completo el paseo de los Caños. Entre vivas y continuas salvas de aplausos, llegó la Virgen hasta la tribuna donde le habrían de ser ofrendado el tributo de amor del pueblo. Era tan grande el número de personas que se congregaban en el paseo, que algunos medios llegaron a cifrar más de veinte mil, convirtiéndola en la manifestación más grandiosa y multitudinaria de devoción y fe religiosa que hayan visto jamás las calles de este antiguo pueblo.

 

Pasada la hora del Ángelus, el Padre Mariano abrió el acto agradeciendo al pueblo la colaboración prestada desde el primer día. Seguiría a su intervención la de D. José Bernal Montero, Catedrático de la Universidad de Oviedo, que procedería a leer el Rescripto Pontificio, donde se concedía la Coronación Canónica. Por último, tomaría la palabra el Obispo de Córdoba, quien, tras enumerar los requisitos que había cumplido la Santísima Virgen de las Mercedes para tal honor, se mostró orgulloso de representar al Cardenal en un acontecimiento de tal magnitud.

 

Fray Albino procedió a bendecir ambas coronas, tomándolas a continuación en sus manos. Tras coronar primero la deliciosa Imagen del Niño Jesús, cogió con actitud ceremoniosa la rica presea. Todos los ojos de Bollullos estaban envueltos hacia su figura en momento tan grandioso. El arduo trabajo, las inacabables gestiones, los sufrimientos y las dichas, que habían jalonado el curso de tan difícil proceso, estaban prestos a terminar cuando el prelado levantara en sus manos la corona. Cuando ésta rozó el velo de encajes, posándose delicadamente sobre las augustas sienes, estalló el fervor contenido.

 

El aire de la mañana se inundó con los sones de la Marcha real que al unísono interpretaron las seis bandas de música, mientras que, con atronador estruendo, comenzaban a sonar las veintiuna salvas reales de ordenanza y el bramar de más de mil cohetes. Pero, sobre todo ello, resonaban aún más los aplausos y vivas de todos los devotos y asistentes. El cielo se cubría con el albo vuelo de palomas y flores, y más de cuatro toneladas de octavillas que dos escuadrillas de aviones arrojaron, haciendo del momento eternos en la memoria.

 

Terminaría el acto con el discurso del Alcalde de la Villa, y la bendición papal, y como colofón solemne el himno de la coronación cantado por todo el pueblo allí presente. Se había cumplido, pues, el sueño.

 

La Virgen volvió a la Iglesia, mientras se redoblaban a su alrededor las muestras de encendido fervor y se daba rienda suelta a la gozosa alegría. La procesión recorrió su itinerario de vuelta, haciendo triunfal entrada en la Parroquia, al filo de las dos de la tarde, luciendo ya sobre sus sienes la Real Corona.

 

Mientras el pueblo descansaba a las primeras horas de la tarde del soleado 2 de Julio, el Hermano Mayor envió sendos telegramas al Cardenal Secretario de Estado del Vaticano, el Cardenal Tedeschini, y al Cardenal Segura en Sevilla, comunicándoles que la coronación se había efectuado felizmente.

 

A las seis y media de la tarde, se procedió a la inauguración del monumento conmemorativo de la Coronación, obra del escultor madrileño Carlos Monteverde. Tras esto, se abrió un compás de espera hasta la procesión de la noche. Ésta, de nuevo, sería una impresionante manifestación de fe, entusiasmo y amor filia a la Madre homenajeada, quien otra vez surcaba los caminos alfombrados de corazones agradecidos.

 

Durante toda la jornada, el pueblo había vivido por y para su Virgen, y cuando todo tocaba a su fin, los corazones seguían extasiados ante la belleza y el caudal de sensaciones en el que estaban inmersos desde el amanecer; pero al mismo tiempo sentían nostalgia; se les estaba escurriendo el día más hermoso que un bollullero podía haber vivido. Hasta el último instante fue aprovechado, los el olor a cera, en el ambiente a los nardos de su paso, quedando todo en una despedida emocionada: ¡VIVA LA VIRGEN DE LAS MERCEDES CORONADA!

 

Todo se había consumado. Los ojos de mucha gente habían estado puestos en Bollullos en ese largo día. Había sido nuestro pueblo por unas horas el centro religioso y devocional de toda España.

LA HISTORIA RECIENTE DE LA HERMANDAD

Sólo habían pasado quince días de la Coronación, cuando la Hermandad sufre un duro revés. El 17 de Julio muere D. Manuel Ayala, siendo aún Hermano Mayor. Sus cuarenta y cinco años de mandato, cubrieron una de las épocas más gloriosas de la corporación. D. Manuel era abogado y licenciado de Filosofía y Letras y destacaba además por sus grandes dotes de orador. Con él se cierra un periodo importante en la historia de la Corporación y, a la vez, se cierra también el patronazgo de una familia al frente de la misma desde hacía más de un siglo. Su vida, entregada totalmente a la Hermandad, tuvo como colofón la enorme alegría de coronar canónicamente a la Virgen de sus amores, tarea en la que fue artífice principal junto a sus hermanos.

 

Pero parece que la providencia no quiere dejar nunca a solas a la Hermandad y siempre la dota de esos grandes hombres que saben, por sí solos, marcar una época dentro de ella, de forma que la persona se hace, en sí misma, representación permanente de la Corporación. D. José Antonio Carrión, personalidad fortísima y definitoria dentro de la segunda mitad de siglo en la cofradía mercedaria; recto y serio, cabal y nunca justamente ponderado; denostado por unos, pero admirado y respetado por todos, entregó toda su vida y sus empeños a la Virgen de las Mercedes, su Señora, y a su Hermandad. Sin ocupar nunca el cargo de Hermano Mayor, desde su puesto de Mayordomo, supo encauzar el caminar de esa Corporación que se reorganizaba tras una etapa de excesivo paternalismo, y consiguió dotarla de todos los elementos de cultos y enseres que convenían a la idea de lo que él creía que la Hermandad debía poseer. Con su sapiencia y conocimiento, la convirtió en la más completa y dotada para el culto en un radio muy amplio, y con su actitud y su porte, logró ganarse el respeto de las demás hermandades de la ciudad. Según nuestros datos, ingresó joven en la Junta, concretamente cuando el 23 de Julio de 1948 se convoca una junta general para reorganizarla. Habría de permanecer formando parte de su equipo de gobierno hasta el año 1988, en que murió ostentando aún el cargo de mayordomo. La Hermandad hizo público reconocimiento de su dilatada labor dedicándole una lápida en mármol que se encuentra junto a la puerta principal de la ermita, en su interior. Su texto es el siguiente: “A José A. Carrión Almeida, Mayordomo de la Hermandad de Nuestra Señora de las Mercedes Coronada. En reconocimiento y gratitud por su entrega, dedicación y labor en favor de la Señora. Por María a Cristo. 2 Julio 1988”.

1948 había sido un año de gran actividad para la Hermandad, pues a los actos de la Coronación, siguió la elaboración de las nuevas reglas, ya que las anteriores databan de 1800.



 

Los años 50.

 

En el año 1950 la Hermandad hace efectiva una donación que databa de 1928, por la que Dña. María Josefa Domínguez Merchante dejaba unas tierras para ser vendidas y que su importe se destinase a pagar los gastos que se originen con motivo de los cultos de la Virgen.

En 1952, año en que son aprobadas las nuevas reglas, D. José Bernal es nombrado capellán y Rector Honorífico del Santuario.

Al año siguiente, la Santísima Virgen de las Mercedes iba a ser nombrada Canónicamente Patrona de la ciudad, aunque recordemos que, civilmente, ya ostentaba ese título desde 1683.

A finales de año se abriría el Año Santo Mariano, que tuvo especial relevancia en Bollullos pues se clausuraría en Noviembre del año siguiente con una magna procesión en la que tomaron parte todas la Vírgenes que reciben culto en el pueblo.

El 8 de diciembre de 1955, la Santísima Virgen es nombrada Alcaldesa perpetua y, como tal se le entrega el bastón de mando por el Ayuntamiento.

Tres años más tarde, en primavera, la ermita recibe la visita de un egregio personaje. S.A.R. Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans, Condesa de Barcelona y Abuela del actual Rey de España, que se postra a las plantas de Nuestra Patrona, de quien lleva su nombre, y a la que estaba particularmente interesada en conocer. La Hermandad la recibe y cumplimenta con el agasajo y honores pertinentes para la ocasión, nombrándola Camarera de Honor de la Santísima Virgen. En este mismo año, sobrevendría una noticia triste: moría Fray Albino, Obispo de Córdoba, que había tenido el privilegio de coronar con sus manos a Nuestra Bendita Madre.

 

Los 60’.

 

Nos vamos ya hasta 1963, donde se produciría otro hecho importante por lo que suponía cambiar una tradición establecida de antiguo. En cabildo celebrado el 12 de Agosto, se acuerda que, desde ese momento, los cultos de Diciembre se celebrarían en la nueva parroquia de María Auxiliadora. Lo que hoy conocemos como costumbre plenamente establecida, fue, en realidad, una decisión difícil y comprometida. El cambiar tradiciones tan arraigadas siempre lo es, de ahí que desde ese mismo año se produjeran algunos conatos de devolver los cultos de la Inmaculada a la Parroquia de Santiago. El último tendría lugar en 1977, donde se acuerda que la Virgen venga sólo una vez, para Septiembre, pero ante las protestas que se podrían generar, se establecería que se hiciese de modo alternativo, es decir, que un año fuera a Santiago y otro a María Auxiliadora. Cuatro meses más tarde, en noviembre, se da marcha atrás y se rectifica la decisión antes tomada, quedando establecidos los cultos como los conocemos hoy.

Seis años más tarde, la Hermandad vería incrementado su patrimonio con un importantísimo donativo. Don Antonio Suárez Hernández, anterior Hermano Mayor, dona la que conocemos como “Casa de la Virgen “, es decir, la casa de hermandad, siendo la primera hermandad de la localidad en disponer de un inmueble para este uso. Los gastos para la construcción de la misma serían pagados, en su mayor parte, por D. José Calvo Cadaval. Se resolvía así los problemas que tenía la corporación para guardar debidamente los enseres y archivos.

 

Los 70’.

En 1973 se celebran con gran solemnidad los actos conmemorativos de las Bodas de Plata de la coronación canónica. Consistieron éstos en una serie de conferencias pronunciadas durante varios días por eminentes oradores, una velada literario musical donde se incluía un pregón a la Virgen y un solemne triduo preparatorio. El 2 de Julio, por la tarde, se reproducía la escena que veinticinco años atrás había emocionado al pueblo. Por el mismo recorrido, por calles bellamente engalanadas, avanzaba otra vez en triunfo la Señora Coronada. En los corazones que habían vivido con júbilo la coronación, se podía palpar la emoción contenida al revivir aquellas escenas tantas veces recordadas, tantas veces relatadas a los hijos y tantas veces orgullo para el bollullero. Para los más jóvenes era un intento de situarse en lo que pudo haber sido el día más glorioso en la historia de su pueblo y, aunque no llegara a alcanzar las proporciones del año 48, sí es cierto que sirvieron para reavivar aún más el amor a la Madre de las Mercedes y regalarle en su efeméride un reflejo de aquel pasado esplendor.

El 29 de Marzo de 1974, la Hermandad une a sus títulos el de Sacramental, obtenido al fusionarse con la existente en la Parroquia. Lógicamente, los enseres y archivos de esta pasan a ser propiedad de la Hermandad de la Patrona.

Ese mismo año se produciría un acontecimiento social importante en relación con la ermita. Aunque la luz eléctrica hacía muchos años que estaba instalada en las calles del pueblo, el templo carecía de ella ya que estaba fuera del sistema de tendidos. La Junta de gobierno encabezó un movimiento que luchó por trazar un ramal de dichos tendidos que llegase hasta el santuario. La empresa no fue fácil, pues hubo que realizar arduas gestiones, amén de una cuestación popular que se denominó “operación cinco duros”, y según la cual, con veinticinco pesetas que diera cada bollullero, quedaría pagada toda la obra.

La solemnidad que da a la función principal de Septiembre la orquesta de cámara dirigida por Villalba, ha estado a veces a punto de ser suprimida, pero la hermandad, con buen criterio, ha conseguido siempre mantenerla contra viento y marea, decisión acertada, ya que representa algo más que un simple acompañamiento musical, siendo todo un símbolo en la memoria colectiva de los bollulleros que cada mañana del doce de septiembre sienten cómo se les eriza la piel cuando comienzan a afinar los violines. Uno de los intentos más serios de supresión, corrió a cargo del entonces párroco D. Antonio Vergara, que así lo propuso a la hermandad en el año de 1975. Éste pretendía suprimir las tercias y la orquesta, pero la Junta de Gobierno, apelando a las tradiciones arraigadas en el sentir de los bollulleros, se pronunció unánimemente en contra de tal proposición.

Los últimos años de los setenta y primeros de los ochenta, están marcados por una doble preocupación en la Hermandad. Por un lado, el estado que presenta la Imagen de la Virgen, que preocupa a los miembros de la Junta, hasta el punto de que se acuerda que sea estudiada por el prestigioso profesor D. Francisco Arquillo, que hará un informe exhaustivo sobre la misma del que se desprende que ésta, en general, se encuentra en buen estado. Finalmente la Imagen no sería restaurada, aunque en el año 1985 se registraría una nueva preocupación por el estado en que se encontraba el brazo de la Virgen.

Por otro lado, habrá posturas contrapuestas entre la Hermandad y el Ayuntamiento de la localidad sobre el tema de la feria. Esta situación se prolongaría durante varios años. Así en 1977 se envía un escrito de protesta por el perjuicio en los cultos que causaba el cambio de la feria, que había quedado establecida desde los días 8 al 11 de Septiembre. Años más tarde, gracias al resultado de un referéndum, la feria volvería a su fecha tradicional.

La Hermandad nunca ha abandonado su sentido asistencial, y así en 1979 construiría una casa para una familia necesitada en un solar de la calle Limón. D. Antonio Iglesias, Hermano Mayor por estas fechas, fue el impulsor de esta iniciativa.

 

El final de siglo y el principiar de una nueva centuria. El Cincuentenario de la Coronación el siglo XXI.

Mediada la década de los ochenta, se acuerda realizar obras de envergadura en la ermita. No fue esta una tarea sencilla, antes, al contrario, estuvo plagada de innumerables problemas y contrariedades, que sólo pudieron ser vencidos por el amor a la Virgen que, finalmente, siempre acababa insuflando nuevas fuerzas a los miembros de la Junta de Gobierno, con su Hermano Mayor a la cabeza, D. Santiago Villarán. Serían muchas las penalidades pasadas por este grupo de personas en su afán por encontrar mil y una forma de sufragar los cuantiosos gastos que comportaban dicha obra. Hubo que agotar hasta el exceso la imaginación para sacar el dinero de donde no lo había. Se multiplicaron las rifas, se pidieron ayudas, se buscaron donaciones, participaban los devotos regalando las peonadas; se removía, en suma, Roma con Santiago para que a la Madre no le faltara un detalle en su casa, y para que ésta, ante las inclemencias del tiempo, fuera segura para ella y sus innumerables hijos que diariamente la visita. El resultado de tanto trabajo es el que hoy disfrutan los bollulleros y admiran los visitantes: la pulcra hermosura de su recoleto interior y la imagen de blancura, silencio y limpieza que se transmite a cuantos trasponen el umbral de la Santa Casa de la Virgen.

 

Sin duda, el gran acontecimiento finisecular encabezado por dicha Junta de Gobierno fue el Cincuentenario de la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de las Mercedes (1948-1998). Con un amplio programa de actos y cultos que rodearon esta magna celebración, las Bodas de Oro fue un evento crucial para la historia de Bollullos que supuso revivir una eclosión de emociones para aquellos que recordaban el festejo de veinticinco años atrás (1973), o incluso quienes fueron testigos directos de aquel 2 de Julio de 1948 que ya parecía tan lejano; para los más jóvenes que vivían por primera vez un acto de esta magnitud, el Cincuentenario fue un hecho sin igual donde vieron al pueblo de Bollullos volcarse con su Patrona, con reminiscencias del que efectuaron sus antepasados de mitad de siglo. La esperada llegada de la Virgen a la Parroquia de Santiago por un Bollullos engalanado para la ocasión, unos solemnes cultos preparatorios, y finalmente la esperada Función Conmemorativa en el paseo de los Caños el 2 de Julio de 1998 bajo un descomunal arco triple que imitaba la fachada de Santiago, se culminó con una procesión triunfal por las calles de nuestra ciudad, donde Nuestra Amantísima Patrona fue acompañada en todo momento hasta el alba del día siguiente. Bollullos rezumaba por aquel entonces un floreciente júbilo; los olorosos nardos del paso de la Virgen jugaban con los colores de las calles, la música y los vivas, dejando hermosas estampas que captaron las retinas de los afortunados que vivieron este dichoso acontecimiento.

 

Finalmente, y desde que a mediados de los ochenta hubiese preocupación por el deterioro de la imagen, no es hasta el año 2011, cuando entre enero y mayo, tras un profundo estudio sobre su estado y viabilidad de conservación, se ha restaurado la Imagen de Nuestra Señora de las Mercedes con un altísimo nivel de satisfacción en el sentir de la localidad. Dicha intervención ha sido llevada a cabo por el equipo de especialistas del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico.

©Derechos de autor. Todos los derechos reservados.

Necesitamos su consentimiento para cargar las traducciones

Utilizamos un servicio de terceros para traducir el contenido del sitio web que puede recopilar datos sobre su actividad. Por favor revise los detalles en la política de privacidad y acepte el servicio para ver las traducciones.