Sede Canónica
- Primeras referencias históricas
Según los datos históricos y teniendo en cuenta que la aparición de la primitiva imagen se fecha a mediados del siglo XIV- el 20 de julio de 1456, cuando aparece una manda de Dña. María Íñiguez de Almonte, en la que se hace referencia a la existencia de la ermita en tan temprana fecha-, podemos afirmar que la construcción del primer santuario se puede remontar a esa época. Este dato lo obtenemos de la observación de la única fotografía que dispone la Hermandad y donde aparece la ermita anterior a la actual. En ella, los elementos arquitectónicos revelan con claridad que de ninguna firma responde al estilo gótico-mudéjar imperante en aquella época. Este templo pudo ser derribado o modificado en gran parte en los siglos XVII y XVIII, reflejando el aspecto definitivo que muestra la fotografía.
De este templo sabemos que tenía planta de cruz latina con cúpula sobre el crucero, ignorándose el número de naves que lo componían. En el testero de su plata se encontraba el camarín, que ya a principios de siglo aparece protegido por una cristalera, pudiendo apreciarse que una ventana iluminaba el mismo en su parte trasera.
En su interior, según un inventario de 1754, existía “retablo de madera y frontalera de lo mismo en razo, frontal de razo encerrado con flores de zeda blanca, un mantel de lienso, y el crudo, detras, una cruz de madera”. Sabemos que no era el único retablo existente en la Ermita, ya que en el mismo inventario cita “quatro cuadros grandes sin marcos, uno que está sobre el retablo de la anunciación, y los demas de distintos misterios…” Por el mismo documento, sabemos que tenía un púlpito de madera, y que en ella se guardaban las andas de la Virgen, anteriores a las de Juan de Astorga. De éstas se dice que eran “doradas… con una tirilla con puntas o enbarsinado que las tapa algo de ellas”.
La fachada principal mostraba la puerta de entrada, cobijada por un pórtico con tres arcos de medio punto. Sobre este pórtico se alzaba una pequeña espadaña rematada por una cruz y en cuyo único vano quedaba enmarcada la campana.
En lo tocante a sus proporciones, se aprecia que éstas serían muy semejantes a las de la ermita actual, si bien era notoriamente más baja. Sobre este particular, viene a refrendarlo el hecho de que la cúpula quedaba como embutida en el crucero del templo, dando a todo el conjunto una impresión de mayor horizontalidad. A esto ayudaba, naturalmente, la particularidad de que no tenía torre. Este cúmulo de circunstancias hacían que el aspecto exterior del edificio resultara sensiblemente diferente al actual.
Anexa a la misma construcción se encontraba la vivienda del ermitaño.
- Restauraciones en la ermita a través del tiempo
El hecho de que el edificio estuviera aislado en medio del campo, con lo que suponía en los siglos pasados, en cuanto a estados de caminos, facilidades de acceso, soportar las duras inclemencias del tiempo, así como el poco uso que tiene un edificio destinado tan sólo a las visitas esporádicas de los devotos. Por otra parte, debemos incidir en la pobreza de los materiales empleados en la época, así como la cualificación profesional de los artesanos encargados de llevar a cabo estas restauraciones, ya que por escasez de los recursos, se empleaban simples maestros alarifes en lugar de reputados arquitectos para realizar este tipo de obras. La consecuencia lógica era que la eficacia de dichos arreglos no alcanzaban más allá de unas décadas, con lo que había que volver a arreglar los desperfectos con demasiada frecuencia.
Las primeras restauraciones datan de los primeros años de fundarse la Hermandad. En un acuerdo de cabildo de 15 de diciembre de 1715, se dice que el Hermano Mayor se había gastado más de cuatro mil reales en arreglar la ermita, incluyendo las limosnas que habían aportado devotos tanto de Bollullos, como de otras villas.
Tan sólo nueve años más tarde, en una nota adjunta al cabildo celebrado en 27 de septiembre de 1724, ya se refiere de nuevo a que el Hermano Mayor estaba obligado a reparar los daños que había en dicha ermita.
En 16 de marzo de 1726, se recoge en un cabildo que está a punto de empezarse la obra en la Capilla de la Ermita, y se nombra la cita con los maestros para la restauración.
Dieciséis años más tarde, el 19 de agosto de 1742, se solicita en cabildo licencia del Arzobispado para que se pueda gastar un depósito que existía en el Patronato, en la reparación de la ermita, ya que en ese momento amenazaba ruina.
Que estas obras hubieron de ser largas, lo refleja el acta de 10 de enero de 1751, en la que se señala que había un fondo para la continuación y conclusión de la obra pendiente. En el caso de no concluir la obra, podría ser muy perjudicial.
El problema no debió de solucionarse, ya que en un acuerdo de 24 de abril de 1753, se aprueba que un maestro alarife de la localidad, Salvador de los Santos, fuese a reconocer el estado de las obras ya empezadas y lo que faltaba para su conclusión.
Cinco años más tarde, en 22 de mayo de 1757, existe un acuerdo de cabildo, en el que se reseña “…que las limosnas más prontas que hubiere, se destinen al reparo de los tejados y se pongan las puertas nuevas que están hechas y que en el caso de que dicha Capilla necesite reparo mayor, se ejecute con inteligencia y acuerdo de los diputados para que se efectúe a la menor costa posible. Y que se ponga la vidriera y rejilla de alambre en la ventana del camarín. Y que la Señora se mantenga en la Iglesia mientras dura la obra…” Es la primera vez que se describe en qué va a consistir el trabajo de reparación, ya que en las anteriores sólo se describe que se van a realizar obras. Cada vez que se tenían que hacer obras en la ermita, la Señora era trasladada a la Iglesia Parroquial de Bollullos, por medidas de seguridad.
No se vuelven a mencionar obras en la ermita hasta el siglo XIX, por lo que ese último arreglo de 1757, puede que fuese uno de mayor calidad, y que dio el aspecto exterior de capilla rural dieciochesca que se conservó hasta el siguiente siglo, como atestiguan las fotografías de que dispone la Hermandad, antes de la construcción del actual templo.
- La nueva Ermita de 1927
Tras la función que se celebró en honor a la Virgen el 23 de febrero de 1919, por haber librado al pueblo de la terrible gripe, el 7 de Marzo del mismo año, se comienza a gestarse la construcción de la nueva ermita, ya que era una necesidad enorme, debido al estado lastimoso que presentaba la anterior. Aunque para los bollulleros fue un golpe duro y la inquietud avanzaba entre ellos por hacer algo por arreglar la casa de la que es Madre de Todos, se empezaron a recibir las primeras limosnas para la obra, creándose una Comisión que gestionara los fondos.
Así la Virgen estuvo nueve años fuera de su ermita, pues en este año la trajeron y la colocaron en el Altar Mayor de la Iglesia Parroquial, mientras duraban las obras.
La obra comenzó con el derribo de la ermita antigua y la explanación del cabezo existente junto a la misma, con lo que se aseguraba la ampliación de la nueva ermita. Todo el pueblo colaboró y se motivó gracias a la acción de la Hermandad llevando a cabo rifas, montaje de casetas en la feria, tómbolas con regalos, y así el pueblo ayudó con sus limosnas de su gratitud y entusiasmo, incluso los que sólo tenían la riqueza de su Fe, contribuirían con su propio esfuerzo a éste magno proyecto.
En el año 1920 se obtendrían los planos del nuevo edificio, realizados por el arquitecto Juan de Talavera, aunque el afamado escultor-arquitecto sevillano Antonio Illanes, había presentado unos croquis, pero que a pesar de su hermosura, fueron desechados por el coste que acarreaban. En este proyecto se conjuga el modelo típico del santuario rural andaluz, conservando su pórtico, unas líneas arquitectónicas herrerianas, abundantes en el centro de España. Lo encontramos en el chapitel achatado coronada por una esfera y una esbelta aguja, como su planta centrada, con bóveda vaída al interior. El camarín era idéntico al que finalmente se ejecutó, quedando la sacristía por debajo y accediendo a éste mediante dos escaleras que quedaban laterales. El hermoso pórtico de tres arcos apuntados era coronado por un artístico rosetón, lo que daba una perfecta solidez arquitectónica.
El proyecto de Talavera presenta una planta de cruz latina con tres naves separadas por pilares cruciformes, con bóveda central de media naranja. Las medidas de la planta es de once metros de ancho por veintitrés metros y medio de largo. Las dos naves laterales hasta el crucero, estaban destinadas una, la de la nave del evangelio, a un atrio exterior, sin comunicación con el interior, y la otra, la nave de la epístola, a distintas dependencias para la vivienda del ermitaño y el acceso a la torre.
La crisis económica de 1922 afectó al proyecto que se estaba llevando a cabo, por lo que se produjo un paro en las obras que duró varios años y que hizo peligrar la conclusión de las mismas. Volvió la desilusión entre los vecinos del pueblo, pero aunque los trabajos se interrumpieron, nunca lo hizo su fervor, así lo expresaba el pueblo.
Pasa el bache, las obras se reanudan y se trabajan en ellas con una frenética actividad. Se destacan la actitud de D. Manuel Ayala y de D. Manuel Martín Salas, que corrieron con parte de los gastos de la obra, incluyendo también la madera, material escaso en la época por su enorme coste. Aun así, la hermandad se veía inmersa en problemas causados por la obra, lo que provocó crisis internas y la más grave en 1924, refiriéndose en una carta a la reorganización de la hermandad.
Finalmente el Ayuntamiento, con alcalde D. Mariano Pérez de Ayala, cuya familia había heredado el amor de la Santísima Virgen, hombro con hombro con el Padre Mariano, entusiasta hijo de la patrona y de su Hermano Mayor D. Manuel Ayala, se comprometieron a dar fin a una obra demasiado prolongada. Junto con el apoyo del pueblo realizando donativos, el sueño se cumplió, finalizando los trabajos con la bendición del templo en julio de 1927.
- La bendición
Los preparativos para la bendición de la ermita se habían venido desarrollando desde hacía algún tiempo. Por meditación del Padre Pedro María Ayala, la hermandad había invitado, entre otros, al Nuncio de Su Santidad, aunque éste no pudo asistir, contestando con una carta a la hermandad.
Desde el día 6 de julio se habían venido celebrando infinidad de festejos que incluyeron un triduo solemne y preparatorio para la fiesta con motivo de la inauguración de la nueva ermita. El pueblo se mostraba embellecido, con calles y casas adornadas, con papel de adornos, romero y palmas, por el amor y dedicación de todos, gozosos por el feliz acontecimiento que se iba a producir. Hasta tres procesiones triunfales por cada día del triduo se celebraba, donde la Virgen recorría las calles bollulleras a los hombros de sus hijos, adornadas especialmente por la causa, entre la belleza de calles y los vivas de su pueblo, todo para una hermosa y sentida despedida, antes de que Ella marchara a su Nueva Casa.
El domingo 10 de Julio hubo, según la especial terminología de aquel tiempo, misa de comunión general, y por la tarde, a las 18:30, traslado de Nuestra Señora a su actual ermita. Todo acabó el 11 de Julio con un rosario de la Aurora desde la Parroquia a la misma ermita, donde se celebró misa de campaña, los segadores cantaron su célebre salve y como colofón, un besamanos a la Patrona. Muchos quedaron sorprendidos por la muestra de fe y amor verdadera de los bollulleros.
- Desde el 27 a nuestros días
El santuario se bendijo a falta del chapitel que corona la torre del campanario. Una vez rematado, las obras que se han realizado en el templo responden a trabajos de acondicionamiento.
El aspecto definitivo que presentaba el templo tal y como lo diseñó Juan de Talavera quedó así: La portada presentaba un vano medio punto, ligeramente abocinada, que aparece enmarcado por un arco de las mismas características. Sobre él una ventana de medio punto. En los laterales se sitúan dos pilastras que soportan un coronamiento en forma de frontón triangular, en cuyo centro se abre una pequeña cristalera lobulada. Un pequeño pilar que sirve de base a una cruz que corona todo el conjunto. El campanario está adosado a la portada por el lado de la epístola. En el cuerpo se abren pequeñas ventanas alargadas. Queda coronado con chapitel, flanqueado por pequeños pilares. En el lado del evangelio se abría una pequeña galería con un arco de ingreso desde el frontal y varios al lateral. En el testero del templo, se abre un pequeño ábside de planta poligonal, que recuerda a la arquitectura mudéjar. Quedaba el templo en planta de cruz latina, cubierta por una bóveda de cañón con arcos perpiaños en su nave central y transepto, mientras que una cúpula corona el crucero. Al camarín de estilo neogótico se accede por dos escaleras laterales, con un retablo realizado en yeso de estilo neorrenacentista.
A finales de 1948, se colocaría sobre columna romana de la explanada una cruz. En dicha columna se grabó una lectura que hoy día es casi imposible de ver:
“Árbol de nuestra salud
en esta cruz sacrosanta
que este devoto levantó
con ferviente magnitud
A tan grande exelcitud
llega de un Juan lo encendido
que en la cruz enardecido
todo en virtud se ofrecido
sin que en su devoción
de amante del exprendido
Año de 1763”.
En el año 1951 se colocan en la ermita dos lápidas junto a las escaleras del camarín. La del lado del evangelio hace referencia al inolvidable 2 de Julio de 1948, fecha de la Coronación de la Santísima Virgen de las Mercedes. La del lado de la epístola alude a la construcción del nuevo templo inaugurado el 10 de Julio de 1927.
Ya en el año 1988 se acometen las obras más importantes hasta ahora. Se proceden a cambiar las cubiertas, a colocar nueva solería de mármol, a arreglar el chapitel, y el acondicionamiento del templo a tener tres naves, por la gran afluencia de fieles. Así pues tuvo que construirse una casa al ermitaño y una nueva casa hermandad en el mismo entorno. Con todo esto, la ermita y el entorno adquieren el aspecto que podemos contemplar hoy día.
